Encuentro con artesanos a fuego lento
Tras el bosque, el sendero alcanza un pajar transformado en taller, y un aroma mezcla resina, lana húmeda y pan reciente. La puerta se abre sin prisa, como si el tiempo tuviera otros modales. Las manos que saludan guardan inviernos enteros en cada cicatriz. Allí, el crujir de la nieve se convierte en crujir de viruta, el vapor de tu aliento en vapor de leche. No hay prisa: el aprendizaje entra despacio, como el calor en botas frías.